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En esta página se ofrecen testimonios de gran valor histórico. Es una recopilación de artículos publicados en la prensa internacional entre los años 1975 (fecha de fallecimiento del fundador del Opus Dei) y 1990, muy cerca ya de su beatificación por Juan Pablo II. Enlaces Romana (Boletín de la Prelatura del Opus Dei) Obras de San Josemaría Escrivá Josemaría Escrivá de Balaguer - Fundador del Opus Dei Iniciativas sociales promovidas por personas del Opus Dei Documentos, artículos y testimonios sobre el Opus Dei y su fundador |
Joseph Hóffner, Arzobispo de Colonia, Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, en Palabra (Madrid), 10.79, y en Mundo Cristiano (Ma drid), 10.84.
Texto
J V W V , W de peregrinos desde el siglo XI. Aquí todo nos habla de Ia Madre de Dios, de su amor hacia los hombres, y de Ia respuesta a ese amor que supo dar Mons. Escrivá de Balaguer. Vuestro Fundador -que os enseñó. a querer a la Virgen con obras y de verdad (6)-, me habló con mucho amor de este Santuario y de los grandes. frutos espirituales que en este lugar madurarían por intercesión de Nuestra Señora. Yo agradezco mucho la amable invitación de don Alvaro del Portillo, que me ha dado la posibilidad de estar hoy aquí. La intensa presencia de Nuestra Madre y vuestro afecto me hacen este sitio familiar: me encuentro como en casa, porque estamos en la casa de Nuestra Madre. A Ella dirigimos nuestra mirada en este solemne momento, no sólo de vuestra vida, sino para la Iglesia entera. Qué sencillo os resultará cumplir lo que el Santo Padre, Juan Pablo II, pedía hace unos meses a todos los presbíteros de la Iglesia: Deseo -nos decía- que confiéis particularmente a María vuestro sacerdocio. Permitid que yo mismo lo haga, poniendo en manos de la Madre de Cristo a cada uno de vosotros -sin excepción alguna- de modo solemne y, al mismo tiempo, sencillo y humilde. Os ruego también, amadísimos hermanos, que cada uno lo realice personalmente, como se lo dicte su corazón, sobre todo el propio amor a Cristo-Sacerdote, y también la propia debilidad, que camina a la par con el deseo de servicio y de santidad. Os lo ruego encarecidamente (7). Durante las jornadas previas a la ordenación, habréis meditado con calma estas palabras sacerdotales, marianas, del Romano Pontífice. Permitidme que os hable al h¡lo de su carta. El Santo Padre nos sugiere un primer punto de reflexión: María -escribe- es, de modo especial, nuestra Madre,, la Madre de los sacerdotes (8). Es cierto que la entera humanidad puede invocarla con este título: Ella es -como solían llamarla los Santos Padres- la nueva Eva, la Madre de los vivientes (9). Y mayor derecho aún tenemos los cristianos, los que por el Bautismo hemos sido incorporados a Cristo y participamos de su Sacerdocio regio y santo. Sin embargo, el Sacramento del Orden es un modo nuevo de identificarse con Jesús; supone representar a Cristo Cabeza; actuar en su nombre; ser su instrumento vivo (10); prestar a Nuestro Señor la voz, las manos, todo nuestro ser (11). Y esto es algo esencialmente distinto que ocuparse de una función, como fin propio. El sacerdote, cuando celebra el Sacrificio de la Misa, cuando perdona los pecados en el Sacramento de la Penitencia, pronuncia las palabras en primera persona: esto es mi cuerpo...; yo te absuelvo de tus pecados... No es él quien habla: es Jesús, el Hijo de María. ¡Ser Cristo! Esta es la verdadera «identidad» del Presbitero, lo que da sentido a toda nuestra vida y a la criatura. Es lógico, por tanto, que la Santísima Virgen nos mire con predilección. María está muy cerca de cada uno: Ella es la Madre de nuestro Sacerdocio (12). La primera consecuencia de esta doctrina es evidente: ser buenos sacerdotes significa ser buenos hijos de Nuestra Señora; tratarla con el mismo afecto y confianza con que la trató Jesús; escucharla; meterla en el trabajo sacerdotal, en todo y para todo, como os ha pedido el presidente general de la Obra. De hecho - enseña el Santo Padre - debéis anunciar a Cristo, que es su Hijo;. y ¿quién mejor que su Madre os transmitirá la verdad acerca de El? Tenéis que alimentar los corazones humanos con Cristo; y ¿quién puede ha ceros más conscientes de lo que realizáis, sino la que lo ha alimentado? (13). Pero aún podemos sacar otra conclusión: para ser los primeros hijos de María, imitadla. Nuestra misión de sacerdotes está íntimamente relacionada con la misión de la Señora en la economía de la Salvación. Ella nos lleva a Jesús, lo engendra en cada hombre: atrae a los creyentes a su Hijo, a su Sacrificio, a su amor al Padre (14). Nosotros tenemos ese mismo deber: hablar de Dios, no ocultarlo; dedicarla vida entera a esa tarea divina. Queridísimas: sé que no os he dicho nada nuevo. Habéis tenido en vuestro Fundador un maestro espléndido, que, precisamente por ser pionero de la espiritua-. lidad laical, amó y defendió con gran energía la verdadera identidad del sacerdote; su misión propia en la Iglesia, distinta de la de los seglares. Meditad sus escritos y contemplad su vida de sacerdote fiel. Vuestro Padre muchas veces afirmó que no quería ponerse como ejemplo de nada. Y, sin embargo, su profunda humildad no le impidió añadir: si acaso, imitadme en, el amor que tengo a;la Santísima Virgen. Aquí, en este Santuario, entran por los ojos las dimensiones de ese amor. El Papa Juan Pablo 11 nos invita también a considerar en este momento la dimensión espléndida y penetrante de la cercanía de la Madre de Dios. E insiste: si es licito recurrir aquí a la propia experiencia, os diré que escribiéndoos, recurro sobre todo a mi experiencia personal (15). El ha elegido como emblema de su pontificado y de toda su vida sacerdotal una jaculatoria a la Virgen: . totus tuus. Hoy, al comenzar vuestro ministerio en servicio de la Iglesia, puestos a los pies de Nuestra Señora de Torreciudad, se lo diréis cada uno personalmente, y yo también: Madre mía, quiero ser todo tuyo, ahora y siempre, para servir fielmente a todo el Pueblo de Dios. Santa María, Madre de los sacerdotes, ruega por nosotros. Y con un egoísmo disculpable, añado: rezad por mí a nuestra Madre del Cielo, que yo también lo haré con mucho cariño, por el Opus Dei, por cada uno de vosotros. Y ahora, queridos ordenandos, confirmad ante .Dios y ante la Iglesia que asumís el ministerio sacerdotal en libertad y con alegre disponibilidad. Que el Señor bendiga y conserve vuestra buena voluntad. (1) Le 1, 46-47. (2) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Sacerdote para la eternidad, Epalsa, Madrid. 1973, pág. 9. (3) Jn 12. 24. (4) 1 Cor 4, 1. (5) Cfr. Act 1. 14. (6) 1 kann 3, 18. (7) JUAN PABLO II, Carta a todos los sacerdotes de la Iglesia con ocasión del Jueves Santo, S-IV-1979, núm. 11. (8) Ibidem. (9) S. EPIFANIO, Haer. 78, 18: PG 42. 728. (10) Cfr. CONCILIO VATICANO II, Deer. Presbyterorum Or dinis, núm. 12. (11) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Sacerdote para la eternidad, cit., pág. 20. (12) JUAN PABLO II, Carta a todos los sacerdotes..., cit., núm. 11. (13) Ibidem. (14) CONCILIO VATICANO 1I. Const. Lumen Gentium, núm. 65. (15) JUAN PABLO II, Carta a todos los sacerdotes..., cit., .. núm. 11. 31 Opus Dei: opiniones de protagonistas |