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En esta página se ofrecen testimonios de gran valor histórico. Es una recopilación de artículos publicados en la prensa internacional entre los años 1975 (fecha de fallecimiento del fundador del Opus Dei) y 1990, muy cerca ya de su beatificación por Juan Pablo II. Enlaces Romana (Boletín de la Prelatura del Opus Dei) Obras de San Josemaría Escrivá Josemaría Escrivá de Balaguer - Fundador del Opus Dei Iniciativas sociales promovidas por personas del Opus Dei Documentos, artículos y testimonios sobre el Opus Dei y su fundador |
Manuel Llopis Ivorra, Obispo emérito de Coria-Cáceres, en Hoy (Badajoz), 26.6.76, y en Información (Alicante), 3.10.78.
Texto
Comunicado del prelado VENERADO RECUERDO DEL FUNDADOR DEL OPUS DEI Varios diocesanos me piden unas palabras en el primer aniversario de la muerte del fundador del Opus Dei, monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, que se cumple el 26 de junio. Quisiera en esta fecha referirme a algunos dedos rasgos de la fisonomía espiritual de esta figura tan destacada.de la Iglesia, en este siglo XX. La Obra porél fundada el 2 de octubre de 1928 es de sobra conocida. Sus socios -más de 60.000, esparcidos por los cinco continentes- son claro exponente de la universalidad y catolicidad de su espíritu; una manifestación más de cómo se armonizan en la Iglesia la unidad y Ia diversidad, según Ias palabras del Apóstol: «Hay diversidad de dones, pero uno mismo es el Espíritu. Hay diversidad de operaciones, pero uno mismo es Dios, que obra todas las cosas en todos. Y a cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad. (I Cor, XII, 4-7). Muchos son los carismas que el fundadórdel Opus Dei recibió del Espíritu Santo en beneficio de la Iglesia universal. Pero quisiera destacar uno que es especialmente importante en esta hora: su encendido amor al Romano Pontífice, que es tanto como decir a la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Ya en los años 30 pudoescribir. «Gracias, Dios mío, por el amoral Papa que has puesto en mi corazón. (Vamino, 573). Josemaria Escivá de Balaguer fue un sacerdote fiel, leal hasta la muerte. Una de sus homilías lleva portítulo: «Lealtad a Ia iglesia», y en ella se dice: «Esta Iglesia Católica es romana. Yo saboreo esta palabra: j romana! Me siento romano, porque romano quiere decir universal, católico, porque me lleva a querer tiernamente al Papa». Se observa 'en estos dos textos, tan distantes en el tiempo, el mismo amor, pero en aumento, hasta llegar a esta ternura que se adivina humana y sobrenatural, del más alto grado y calidad. Qué gran bien haríamos a la Iglesia, qué gran servicio prestaríamos a la humanidad entera si procuráramos un amor así, al Papa, sea quien sea, pues Io importante es que se trata del Vicario de Cristo-investido porei Espíritu Santo con Ia mismaautoridad del Señor-, a quien todos deben veneración y los católicos obediencia. « Me gusta repetir-decía el fundador del Opus Dei en otra homi~ lía-: ¡omnes can Petro, ad lesam per Mariaml. ITodos con Pedro, a Jesús por María! Y al reconocernos parte de la Iglesia e invitados a sentirnos hermanos en la fe, descubrimos con mayor hondura la fraternidad que nos une a Ia humanidad entera: porque la Iglesia ha sido enviada por Cristo a todas las gentes y a todos los pueblos». (Es Cristo que, pasa, 139). Próximos ya a Ia solemnidad de San Pedro y San Pablo, dos columnas fundamentales de la Iglesia (cfr. Gal. II, 9; Ef. 2, 20), jerárquicamente dispuestas por el mismo Jesucristo, -en quien bien trabada se alza toda la edificación para templo santo en el Señor, en quien vosotros también sois edificados para morada de Dios en el Espíritu». (Ef. 2, 21 ), es oportuno que miremos a quellos que de algún modo han sido hechos también -columna en el templo de Dios» (Apoc. 3, 12), por los carismas que han recibido y por su correspondencia singular a la Gracia; tanto más cuanto tan cerca están de nosotros y nos hablan de cosas de Ias q ue tenemos tanta necesidad. «¡Qué alegría poder decir con todas las veras de mi alma: amo a mi Madre la Santa Iglesia!». (Camino, 518). Monseñor Escriv4 de Balaguer pudo escribir-y supo vivir hasta el último instante de andar en la tierra-'-- estas palabras: «Este grito -iserviaml-es voluntad de servir fidelísimamente, aun a costa de la hacienda, de la honra, de la vida, a la Iglesia y a Dios», (Camino, 519). Quisiera terminar recordando aquellas palabras de San Agustín, recogidas porei último Concilio Ecuménico: «En la medidaque cada uno ama fa Iglesia, posee el Espíritu unto». (Decr. Optatam totius, n. 9). + MANUEL, obispo de Corla-Cáceres. Hoy Badajoz 26.6.76 Mons. Manuel Llopis Ivorra 151 Opus Dei: opiniones de protagonistas |